AUTOCUIDADO: “Mamá si tu estás bien, tu hijo tu hijo también lo está”

Con la llegada de la maternidad es natural observar cómo se dejan de lado las necesidades propias de la mujer. Sin embargo, la salud y bienestar son tan importantes como el cuidado que les dedicamos a los hijos. 

El autocuidado forma parte de cualquier rutina de bienestar, pero a diario se ve como muchas madres se dejan de lado para enfocarse en el cuidado de los hijos, olvidándose de las propias necesidades. Y es que con la maternidad la vida cambia, disminuyen las horas de sueño, varían las rutinas y se dan escenarios antes insospechados, como no poder ir al baño cuando se necesita o un distanciamiento sexual con la pareja.

Todo esto puede provocar altos niveles de estrés y otro tipo de problemas que se pueden ver reflejados en insomnio, dolor de cabeza, complicaciones digestivas, mal humor entre otros, que perjudican a la mujer y, de paso, su rol como madre porque al no tener un balance en sus cuidados y necesidades, lo que ocurre es que explota más fácilmente con sus hijos.

El rol de la súper mamá es un enemigo de la maternidad. Algunos estudios hablan que el estrés maternal radica en la creencia de que las mamás somos las únicas responsables del bienestar de nuestros hijos y de quienes nos rodean. Es un rol muy solitario y difícil de cumplir, ya que tenemos muchas creencias que nos han inculcado durante años donde debemos hacer grandes sacrificios para demostrar que realmente si somos buenas madres.

Hay tres caminos para potenciar el autocuidado en las madres. 

  • Conectar con aquello que nos genere placer

En la maternidad existe un gran quiebre y es que después de ser mamá, nos cuestionamos quiénes somos, qué es lo que nos gusta, con quiénes queremos estar y con quiénes no. Parte de ese autocuidado es lograr frenarse por un momento y conectarse con aquello que uno siente.

Quizás no es salir con las amigas un fin de semana, sino que pasar un momento a solas, sentarse a tomar un café u otras cosas más simples pero que te permiten conectar contigo misma. Esto tiene que ver con una conexión interior y permitirse cuestionarse aquellas cosas que ya no nos gustan.

  • Delegar 

Delegar (en la medida de lo posible) el cuidado de los hijos, también forma parte del autocuidado. Es esperable que al principio cueste confiar en otros ya que creemos que somos las únicas que podemos alimentar, cambiar o hacer dormir. Es importante sacarse la capa de súper mamá y aprender a confiar en otros ya que al delegar las tareas, se pueden encontrar espacios para poder descansar o para hacer algo que nos guste.

  • Bienestar físico y emocional

Las mamás pueden aguantar horas sin ir al baño, dejan sus dolencias musculares de lado o incluso hay algunas que tienen esguinces no tratados. “Cuando practicamos el autocuidado como madres, nuestros hijos aprenden también a cuidar de ellos. Muchas veces creemos que solo por verbalizar que deben disfrutar la vida, priorizarse, cuidar de su cuerpo, de su salud ellos lo harán; pero el verdadero aprendizaje está en modelar para ellos. Si ellos ven que nosotras nos damos los espacios, cultivamos nuestra salud y conectamos con lo que nos gusta, ellos también lo harán. De otra forma, es altamente probable que nuestras hijas repitan el patrón de querer complacer a todos.